Qué hacer si un jugador monopoliza la partida de rol
Aprende a manejar jugadores dominantes en rol y crea partidas más equilibradas y divertidas.
Qué significa que un jugador monopoliza la partida de rol
Se suele referir a cuando un jugador, de forma consciente o inconsciente, controla el foco de atención constantemente durante la partida, impidiendo que otros jugadores tengan sus momentos de protagonismo también. En ocasiones es fácil de detectar y puede llegar a ser molesto; en cambio, en otras, son ciertos gestos o actitudes del jugador que dan lugar a esta situación.
Señales de que un jugador acapara la partida
Algunos ejemplos de actitudes o actos que comete alguien que centra el foco en él son:
• Interrumpir a otros jugadores.
• Tomar decisiones por el grupo u otro jugador.
• Hablar continuamente.
• Adelantar o dirigir las acciones sin dar opción a los demás a responder.
• Tratar de ser siempre el “héroe” del grupo o desviar la atención hacia él.
Diferencia entre participación activa y monopolizar
Antes de proseguir, se debe aclarar que no es lo mismo un jugador que participa de forma continua en la partida que uno que acapara el foco. El problema no está en ser activo, sino en impedir que otros participantes tengan su espacio y lo sean también, en lugar de permitir dividir la atención entre el grupo.
Por qué es un problema para la mesa
En las partidas de rol, todos los jugadores son protagonistas, sin importar si son extrovertidos, si tienen experiencia o el tipo de personaje que lleven, pues es parte de la diversión. Si uno de ellos decide ser un jugador dominante en el rol, afecta a dicha diversión, la implicación del resto y, por lo tanto, la experiencia. Nadie quiere sentirse apartado o secundario en una partida, de modo que es probable que se produzcan momentos de enfrentamiento o incluso abandono por parte de uno de los participantes, y es lo último que se busca.
Por qué un jugador puede monopolizar una partida
Existen múltiples causas y no son exclusivas del propio jugador, pues a veces puede deberse a hacerlo de forma inconsciente o a la falta de organización dentro del grupo. Algunos de los motivos comunes son:
Entusiasmo o falta de conciencia
En la mayoría de las ocasiones, el jugador que acapara la partida no actúa con mala intención o no es consciente de ello, ya sea por ser novato, por estar muy entusiasmado o por ser el más extrovertido y hablador del grupo. Por esta razón, lo ideal es hablarlo con él de forma respetuosa.
Personalidad dominante o liderazgo natural
Hay ciertas personas que poseen un carácter con el que son propensas a tomar el control de la situación o tratar de guiar a los demás, con la certeza de que es lo correcto y que son los más adecuados para ello. En algunos casos, esto no es del todo un problema; sin embargo, en el mundo de los juegos de rol, si es una tendencia constante en las partidas, acaba con consecuencias negativas.
Falta de estructura en la partida
El causante no tiene por qué ser solamente el jugador, sino también la falta de la correcta dirección y organización de la actividad. Se puede deber a un master con poca experiencia o a una partida creada con falta de tiempo que ha terminado desembocando en esta situación; por ello es importante llevarlo a cabo con antelación y planificar todo correctamente antes de empezar una sesión de rol.
Cómo gestionar a un jugador dominante en rol
Cuando se es un dungeon master, una de las responsabilidades es tratar de mantener un buen ambiente y resolver posibles conflictos dentro del grupo. Sea cual sea el motivo, debemos tratar de corregirlo de la mejor manera, sin necesidad de señalar culpables, crear enfrentamientos o momentos de tensión.
Dar espacio activo a otros jugadores
Una solución práctica y sencilla es hacer preguntas o dirigir la escena a aquellos que participan menos, evitando de esta manera que el jugador dominante pueda intervenir. A veces, con un simple: ¿y tu personaje qué estaría pensando?, ¿tú qué vas a hacer en esta situación?, ¿cómo se estaría sintiendo (nombre del personaje) ahora mismo?, es suficiente para permitirles entrar en acción.
Establecer turnos o foco narrativo
Si se prefiere llevar a cabo un método más directo y específico para permitir manejar la situación, podemos determinar los turnos de los jugadores e incluso su orden para actuar. Un ejemplo sencillo: imagina que tus jugadores deben conversar con un personaje y explicar una situación crucial. Antes de proceder con la escena, se pregunta qué jugador desea hablar y lo que quiere decir, asignando a cada uno el orden de participación.
Hablar con el jugador de forma constructiva
Hay ocasiones en las que es inevitable tener una charla con el jugador que monopoliza la partida. Para llevarlo a cabo, se puede sugerir a dicha persona tener una conversación privada y respetuosa para explicarle la situación y encontrar entre ambos una solución al respecto. Recuerda tener en cuenta que todos hemos sido novatos alguna vez y que nadie es perfecto, así que trata de ser comprensivo a la hora de hablar con él.
Técnicas para equilibrar la participación en la mesa
Para poner solución a esto, se pueden utilizar algunas herramientas sencillas para ayudar a mejorar la dinámica grupal durante la partida, ahorrando futuras conversaciones incómodas o situaciones tensas entre los jugadores.
Uso de escenas individuales o por grupos
En lugar de crear una escena donde aparezca todo el grupo, se puede recurrir a desarrollar momentos individuales, impidiendo que puedan entrar en el mismo otros jugadores, ya que su personaje no se encontraría presente. Otra opción es, dependiendo de la cantidad de participantes, dividirlos en grupos y ofrecer una escena a cada uno, motivando también la colaboración entre los personajes que permanezcan juntos.
Reglas de mesa y acuerdos previos
Sencillo y fácil de entender: establecer reglas y acuerdos antes de iniciar la partida de rol. Ideal para cuando se lleve a cabo la sesión cero, pues se tratará todo lo importante y a tener en cuenta en el transcurso de las partidas de rol. Algunas normas de ejemplo a utilizar podrían ser:
• Esperar unos segundos cuando alguien termine de hablar para hacerlo nosotros.
• Levantar la mano para pedir turno de palabra. No se hablará si no se tiene dicho turno.
• Si hemos conversado varias veces durante una escena, dejar a otro compañero hablar en esa o la siguiente escena.
Dinámicas que fomenten la colaboración
Sacar provecho de la posición de narrador e improvisar situaciones que obliguen a los jugadores y los personajes a colaborar entre ellos o que todos participen para avanzar. Un acertijo, un momento clave en el que uno por uno deban hablar, el uso de habilidades que solo posee un miembro del grupo… Esto queda en manos de nuestro ingenio e imaginación.
Qué pueden hacer los jugadores ante esta situación
No solo el dungeon master puede actuar: los jugadores también cuentan con la opción de contribuir a mejorar la experiencia. En ocasiones, estas situaciones ocurren debido a que alguno de los participantes es tímido o introvertido, haciendo que sea demasiado pasivo y no se atreva a empezar un diálogo. Como compañeros, podemos ayudarles dándoles pequeños empujoncitos de las siguientes formas:
Dar espacio a otros compañeros
Animar de forma directa o indirecta a los más callados, como por ejemplo, comentando de forma casual que todavía no han hablado o actuado en la escena, acordando en algún descanso o tras una sesión de rol alguna señal para que intervengan, estableciendo algún vínculo emocional entre los personajes para incitar a que haya más implicación entre ellos…
Redirigir la atención dentro del juego
Un método más natural y sencillo dentro de la narrativa que podemos emplear es ceder el protagonismo. Imagina que, en una escena en la que los personajes llevan un rato charlando, hay un jugador que todavía no ha comentado nada o solo ha respondido con monosílabos. A través de nuestro personaje, contamos con la opción de centrar el foco en él de múltiples formas:
• Hacer una pregunta que requiere que desarrolle la respuesta o deba dar una explicación extensa.
• Crear una situación cómica, tensa o emotiva con algún gesto o acción que le implique. Un reto, una apuesta, una declaración, una pregunta clave para la trama…
• Entablar una conversación con dicho personaje, ya sea para conocerse mejor, sacar información o gastar una broma.
Comunicación dentro del grupo
Quizás la más evidente y simple: mantener una conversación abierta entre los jugadores para ajustar la experiencia. Preguntar qué se puede mejorar, si hay algo que incomode, quiénes son los que hablan más y los que menos para cambiar la situación…
Cómo prevenir que un jugador monopolice la partida
Para impedir que esto ocurra en futuras ocasiones, se deben crear medidas preventivas que, dentro de lo posible, minimicen o eludan estas situaciones que no permiten disfrutar de la experiencia del rol.
Sesión cero y expectativas del grupo
Las sesiones cero son cruciales para tratar con estas y otras circunstancias que pueden ocurrir en el transcurso de las sesiones de rol, como conflictos, desorganización, mención a temas que se desean obviar o decepciones por falsas expectativas.
Diseño de partidas más equilibradas
Adaptar las historias de modo que todos los personajes sean importantes y resalten durante la trama. Se debe estudiar las fichas e historias de los mismos y trabajar con ello, añadiéndolo de forma sutil a lo que hemos creado.
Rol del director de juego como moderador
Recuerda que una de las responsabilidades como master es moderar y resolver los conflictos o complicaciones que sucedan en las sesiones de rol, tomando las decisiones necesarias para que todos sean partícipes y se diviertan durante la actividad.
Mejorar la experiencia de juego para todo el grupo
Para finalizar, se debe recordar que el rol es una experiencia compartida para divertirse y evadirse de la vida cotidiana. Una buena dinámica grupal junto a una adecuada gestión son fundamentales para que esto se lleve a cabo. Por este motivo, es de suma importancia que todos, incluido el narrador, se sientan cómodos y se diviertan en el transcurso de las mismas, y está en nuestra mano que así sea.
Artículo escrito por Alice Ramos G.
